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lunes, 28 de abril de 2014

Mujeres y diversidad funcional. Reflexiones desde México al mundo


De acuerdo al nuevo paradigma que propone la Convención sobre los Derechos de las personas con Discapacidad, CDPD, define que la discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre una persona con limitaciones -añado “significativas” porque ¿quién no las tiene?- y el medio restrictivo en el que se encuentra, sobre todo debido a las barreras actitudinales; aquellos pensamientos cargados de prejuicios y estigmas dirigidos a quienes nos parecen no sólo diferentes, sino disfuncionales, anormales, atípicos, etcétera.

Este nuevo concepto cuestiona al inmaculado modelo médico-clínico, -el mismo que catalogó a la homosexualidad como enfermedad, ése- que de manera histórica ha situado la problemática sólo en la persona y no en el medio tremendamente conservador, que no admite diferencias y que se esfuerza por mantener una pureza en la raza en donde los “limitados” físicos, mentales, intelectuales y/o sensoriales no tienen cabida.

La discapacidad, vista ahora, como constructo social, posee un atributo, y es, por más paradójico que nos resulte, la capacidad de trastornar lo establecido, pues desafía a la norma; abrir los casilleros mentales nunca ha sido fácil, mucho menos cuando se nos confronta con lo naturalizado a conveniencia de un narcisismo exacerbado.

El estigma de inservible, incompleto, disfuncional que rodea a la discapacidad, se apodera del cuerpo “Cuerpos que extrañan” menciona Cristina Vico, en su inigualable trabajo en el que nos invita a reflexionar sobre la deconstrucción de la discapacidad a través de una mirada feminista.

Es en el cuerpo nuevamente donde se deposita el valor ¿inestimable? o no, de la persona, del otro, de la otra, desde donde se le encasilla, limita, señala, enjuicia, condena y se pretende controlar a través de una “normalización” que cumpla cabalmente con fines de producción, basados en la funcionalidad.

Colocar a la discapacidad como una construcción social y no como una característica, resulta en sí, un avance que nos permite ampliar horizontes, introduciendo nuevos elementos para su estudio, los cuales deben ser analizados con urgencia.

Género y discapacidad son elementos íntimamente relacionados, pero parcialmente explorados; los Estados de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, OCDE, señalan que las mujeres presentan mayor riesgo que los hombres de adquirir alguna deficiencia o limitación, se estima que hay por lo menos 325 millones de mujeres viviendo bajo condición de discapacidad, la mayoría de ellas expuestas a múltiples formas de discriminación por su edad y situación de pobreza*.

La violencia es un factor discapacitante que todavía no ha sido analizando a fondo, y de manera concatenada, en México, por ejemplo, carecemos gravemente de un sistema de justicia eficiente que proteja a mujeres que a raíz de la violencia adquieren discapacidad o mujeres que por su condición de discapacidad sean severamente violentadas.

La omisión y dilación de mecanismos efectivos de protección actúa en complicidad con un sistema social permisivo, con doble moral, que ha terminado por institucionalizar la violencia, alimentada por patrones patriarcales que siguen visualizando a la mujer bajo una óptica utilitaria con fines reproductivos meramente, visión que se transforma en mujeres con discapacidad intelectual y psicosocial, principalmente, quienes se ven sujetas a prácticas de esterilización forzada, arrebatándoles la posibilidad de elegir sobre el ejercicio de su propio cuerpo, dejándolas además en estados de vulnerabilidad e indefensión infames que transgreden hasta lo más íntimo de su dignidad.

Re-pensar la discapacidad otorga la oportunidad de acceder a nuevas formas de vida comunitarias, más complejas pero a la vez más incluyentes en donde quepa la capacidad de experimentar la alteralidad, la discapacidad no le pertenece a un sector de la población, es un factor humano, que incluso puede llegar con la vejez.

Apelar al cobijo del movimiento feminista, para que incluya en su agenda de manera visible y enfática, la variante de discapacidad es aludir a la reivindicación de derechos que nos pueda permitir subsanar un poco la deuda histórica que tenemos con estas mujeres y niñas que a pesar de todo habitan entre el silencio y el olvido.

Autora: Emma González

Emma González es una Psicóloga mexicana, con experiencia en el tema de discapacidad desde el año 2000, participa en diversas Organizaciones de la Sociedad Civil, principalmente en aquellas que se refiere a los temas en Derechos Humanos, Violencia de Género, Discapacidad y Políticas Públicas; actualmente se desempeña como directora general de una Organización Civil, que entre otras actividades, brinda albergue a personas con discapacidad intelectual y psicosocial, algunas en estado de abandono. Participó en la elaboración del primer informe alternativo, de discapacidad en México, elaborado por organismos civiles presentado ante el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de las Naciones Unidas.
*Standard Interpretation of the UN Convention on the Rights of Persons with Disabilities (CRPD) from a Female Perspective 
 http://www.kompre.de/brk/attachments/article/74/100_crpd_interpretation_women_and_gender_provisions_nw3-de_2011.pdf

lunes, 21 de abril de 2014

¿Quién cuida a las cuidadoras de personas con discapacidad?


Actualmente se está conceptualizando y trabajando para visibilizar y erradicar la doble discriminación que padecen las mujeres que viven con algún tipo de discapacidad. En este sentido, considero que también es necesario que nombremos a aquellas que también se ven afectadas de manera no evidente por la discapacidad: las mujeres cuidadoras.





Al atribuírsenos, a las mujeres, características tales como poseer por naturaleza un instinto maternal y una mayor capacidad de empatía y sensibilidad respecto a los hombres, nosotras somos la parte de la población sobre la que recae la responsabilidad del cuidado. Y digo recae, porque a menudo asumimos esta tarea como consecuencia de la naturalización de los estereotipos de género que dictan que las mujeres somos más aptas para el cuidado de la familia y de los demás, y no como resultado de una decisión. Por ello, no nos sorprende escuchar afirmaciones como la siguiente:

“Una madre con un hijo con discapacidad dice yo lo que quiero es que mi hijo encuentre una buena mujer para que lo cuide. Y en el caso de las mujeres con discapacidad dicen a mí me gustaría siempre poder atender a mi hija.”[1]


Por supuesto que es una obligación ética, moral, y hasta un acto de amor, organizarnos para que las personas que tienen limitaciones en su funcionalidad logren ejercer su derecho a vivir dignamente. El problema es que el trabajo que implica el cuidado se asume automáticamente como “femenino”, es decir, como algo que le corresponde a las mujeres. De donde resulta que en el caso de que alguien tenga que asumir esta responsabilidad, que puede llegar a ser de tiempo completo, ese alguien será –casi invariablemente- una mujer. Una mujer que por la falta de otras alternativas o de una organización justa y adecuada al interior del círculo familiar, terminará renunciando a la escuela, a su trabajo y a su vida social en pro del cuidado de alguien más, ocasionándole, aquí sí, naturalmente, problemas tales como irritabilidad, cansancio, estrés crónico y hasta depresión[2].

Aunque las familias son círculos sociales diversos en cuanto al número de personas que las integran y a sus características socioeconómicas, me parece que es importante que abordemos la problemática de las cuidadoras desde la perspectiva de género, pues no bastaría con la promoción del autocuidado –aunque por otra parte también es necesario-, ya que el problema medular es que el rol social del cuidado se le atribuye exclusivamente a las mujeres, resultando esto en afectaciones a nuestra salud emocional, síquica y física.

Entonces, ¿hace falta cuidar a las cuidadoras? ¿Promover el autocuidado? ¿U organizarnos para distribuir las responsabilidades del cuidado de una manera igualitaria?



Por : Adriana Bautista Jácome.
Feminista. Actriz, escritora, gestora cultural y productora de teatro. Dirige Teatro En la Piel, compañía con Perspectiva de género y Derechos humanos. Ganadora del XVII Concurso de cuento “Mujeres en vida”, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Mención Honorífica en el Premio de la Juventud de la Ciudad de México 2013, del INJUVE. Dirige el proyecto “Actuando Por Tus Derechos, Mujeres. Teatro en tu universidad”, que obtuvo Mención Honorífica en el Banco de Buenas Prácticas contra la violencia hacia las Mujeres, Hermanas Mirabal 2013, de la Comisión de Derechos Humanos del D.F. 



[1] Testimonio tomado del documental sobre la situación de las mujeres con discapacidad en Andalucía Tesis Mujeres y Discapacidad https://www.youtube.com/watch?v=jV03qkqi2-A
[2] El estrés en cuidadoras de personas con discapacidad en estado de dependencia
http://www.elvacanudo.cl/noticia/sociedad/el-estres-en-cuidadoras-de-personas-con-discapacidad-en-estado-de-dependencia